Eduardo A. Reyes Vargas
Las autonomías otorgadas a muchas instituciones del Estado en nuestro país, algunas con rango Constitucional buscaban alejar la influencia de la política partidista del buen funcionamiento de ellas.
Para algunos analistas era “para protegerlas de la tiranía de las mayorías.”
Sin embargo en un porcentaje significativo, algunas de estas instituciones sustentadas con nuestros impuestos, muy a pesar de ser fiscalizadas por la Contraloría, pareciese en ocasiones ser entidades virtuales, creando reinos elitistas sobre todo en el manejo de sueldos y otras canonjías.
En un país que sigue en pobreza general, donde mueren niños por hambre es inmoral que esto ocurra. Además de otras grandes necesidades de todo tipo.
No se trata de regatear sueldos a quienes quizás, con excepciones se lo merecen, sino hacer justicia económica en una nación endeudada y con grandes carencias.
Hay que revisar si estas instituciones han cumplido con la nación o solo son madrigueras de feroces asaltadores del erario público.
La idea original de liberarlos de las políticas partidistas y clientelismo, no ha sido exitosa.
Vilipendiadas por muchos gobiernos.
Toca a la nueva Asamblea con una renovada generación comprometida con su país, que va rumbo al debacle, revisar las diferentes leyes que han creado republicas dentro de la Republica de Panamá
Son nuestros impuestos. No a los silver y gold roll disimulados.
SI al artículo 19 de la Constitución Política de la República de Panamá que dice “no habrá fueros o privilegios ni discriminación por razón de raza, nacimiento, discapacidad, clase social, sexo, religión o ideas políticas”.
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