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No es la mano invisible, es la que mece la cuna

(Exclusivo para el Periódico)

Juan Jované

 

El gobierno de los menos 

Una vez concluida la selección de los ministros y los asesores que acompañarán al nuevo Presidente, queda claro que se trata de un gobierno en que los sectores económicamente dominantes han decidido manejar de manera directa, es decir sin ninguna mediación, todo el aparato del Estado.

Tendremos, entonces, un gobierno que además de haber sido electo por una minoría, solo representará y gobernará en función del sector más pudiente del país, así como a favor de las transnacionales y la potencia hegemónica de la región. Sus objetivos inmediatos serán restablecer con toda su fuerza el control político e ideológico de los sectores económicamente dominantes, a la vez que se generan las condiciones institucionales y legales que les permitan acrecentar sus ganancias y acumulación de capital, entre otros.

El mito de la mano invisible

El gobierno puramente “pro empresa privada” utilizará, sin duda alguna, la idea de que el supuesto de que “el libre funcionamiento del mercado”, generará un óptimo económico que beneficiará a todos y cada uno de los individuos que componen la sociedad. No es extraño que recientemente algunos de los publicistas de los sectores económicamente dominantes hayan estado desempolvando la vieja idea de la mano invisible de Adam Smith, alegando además que lo que queda por hacer es dejar fluir a la oferta y la demanda.

Sin embargo, como lo ha indicado Jonathan Shlefer, en un artículo publicado en la Harvard Business Review (abril de 2012 bajo el título “No hay una mano invisible”, Adam Smith solo la menciona una vez en un obscuro pasaje de su “Investigación Sobre la naturaleza y las causas de las naciones” (1776).  Más aún, como también lo señala este autor, Smith, en varias partes de su libro, también llama la atención sobre el hecho de que la libertad de mercado en determinadas circunstancias lleva a situaciones lejanas a lo que hoy se puede llamar un óptimo.

Es conocido, por ejemplo, que, como lo destaca Shlefer, Smith señaló que, si se reúnen personas con el mismo oficio, su conversación girará hacia “algún dispositivo para subir los precios”. Se trata de una afirmación importante si se tiene en cuenta que en Panamá., a decir del fundador de Indesa, existe lo que califica una “economía de ‘amiguetes’ (Chapman Jr, Guillermo O, 2021, Hacia Una Nueva Visión Económica y Social de Panamá, Editora Novo Art, S.A., Panamá, p. 32. Esto lleva a una pregunta: ¿cuál será el tema de conversación del gabinete entrante?

A fin de avanzar en el análisis, es de interés señalar que la actual doctrina neoliberal, que propone que el libre mercado necesariamente conduce a un óptimo social, se basa en un conjunto de supuestos que no se sostienen en la realidad.

En primer lugar, se supone que los actores económicos actúan de manera perfectamente racional, de manera que logran optimizar ya sea su satisfacción como consumidores o sus ganancias como productores. Se trata de un supuesto que hoy ha sido demostrado como falso por el desarrollo de la corriente de la Economía del Comportamiento (Thaler, Richard, 2016, Portarse Mal, Paidós, México. En segundo lugar, se supone que existe un gran número de compradores y vendedores, de manera que ninguno es capaz de determinar los precios del mercado, se trata, entonces, de tomadores de precios. Es evidente que este no es un supuesto que, como en Panamá, donde existen estructuras oligopólicas de mercado pueda tomarse en serio (Stiglitz, Joseph E., 1993, Economics, W. W. Norton, second edition, USA, p. 29).

En tercer lugar, se supone que los productos que se transan en cada mercado son homogéneos, lo que queda contradicho por la amplia diferenciación que presentan los productos, ya sea en su diseño real o producto de la publicidad (Krugman, Paul y Wells, Robins, 2022, Fundamentos de Economía, Editorial Reverté, S.A.. España, capítulo 9) En cuarto lugar, se supone que existe libre entrada y salida en cada mercado, lo que no se corresponde con la realidad en el que existen barreras a la entrada, ya sea por razones de control de la tecnología, las finanzas, el tamaño de los mercados frente a las economías de escala, la publicidad, el control de las materias primas y otras razones (Sylos Labini, Paolo, 1965, Oligopolio y Progreso Técnico, Ediciones Oikos – Tau, Barcelona).

En quinto lugar, se supone que cada agente económico posee una información perfecta tanto presente como futura del mercado. Este supuesto hoy ha sido prácticamente destruido por los trabajos de Joseph Stiglitz y otros autores, quienes han demostrado que la realidad está caracterizada por la información imperfecta y asimétrica entre los agentes económicos (Arnott, et al (editores), 2003, Economics for an Imperfect World, The MIT Press, Cambridge Massachusetts). A todo esto, se deben agregar otras condiciones tan extravagantes como son: mercados completos; ausencia de bienes públicos; economías contantes a escala; ausencia de externalidades

El virus neoliberal

De lo anterior se desprende que la ideología neoliberal, que será ampliamente utilizada por el gobierno entrante, es una simple forma ideológica útil para enmascarar una política destinada a cumplir con los objetivos de los sectores económicamente dominantes. Se trata, para usar una metáfora, de una hoja de parra para ocultar los intereses de dichos sectores. No es, entonces, casualidad que David Harvey afirme de manera acertada que existe una clara diferenciación entre la prédica neoliberal y la práctica del mismo (Harvey, David, 2011, A Brief History of Neoliberalism, Oxford University Press, Great Britain.  De hecho, si bien el neoliberalismo se presenta como una opción que amplía la libertad de todos, en realidad lo que hace es ampliar la libertad de los sectores económicamente dominantes para enriquecerse a costa de la sociedad.  No es casual, entonces, que James K. Galbraith haya calificado al verdadero Estado Neoliberal como el Estado Depredador (Galbraith, James K., 2009, The Predator Statate, Free Press, USA).

Lo que se puede esperar del nuevo gobierno es la profundización de la real política neoliberal a fin, como hemos adelantado, de lograr el pleno dominio político e ideológico sobre la sociedad, así como la introducción de las modificaciones legales – institucionales necesarias para asegurar las mejores condiciones posibles para las ganancias y la acumulación de capitales.

Esto se realizará, como también hemos adelantado, por medio de una política de choque, rápida, generalizada y si ninguna gradualidad, concretada en una serie de reformas estructurales en elementos tan sensibles como la seguridad social, la minería a cielo abierto, la tributación y el abastecimiento de agua potable a la población.

Un problema básico de la aplicación lo que Noami Klein llama la Doctrina del Shock es que la misma no repara en los costos sociales que pueda infringirse a la población. No es casual, por ejemplo, que Milton Friedman cuando se le preguntó “si el costo social de sus políticas no sería excesivo”, simplemente contesto que “esa pregunta es estúpida” (citado en Klein, Nami, 2007, La Doctrina del Shock, Paidós, España, p. 119). El peligro del neoliberalismo en su forma pura, el que ahora tiene por lo menos un abogado en el equipo de asesores presidenciales, se puede comprender teniendo en cuenta la siguientes frases de Hayek: “en las decisiones públicas o privadas, las vidas individuales desconocidas no constituyen valores absolutos” (Hayek, F, A, 2011, La Fatal Arrogancia, Unión Editorial, segunda reimpresión, España, p. 213). Por su parte, Robert Barro llega a afirmar que una democracia que vaya más allá de un cierto límite en términos de los derechos sociales, “disminuyen los incentivos a la inversión y al trabajo, por lo que perjudican al crecimiento” (Barro, Robert J., 1997. El Poder del Razonamiento Económico, Colegio de Economistas de Madrid, Madrid, p. 23).

Una respuesta necesaria 

Las expectativas aquí expuestas sobre las posibles políticas del nuevo gobierno llaman la atención sobre la necesidad de producir una defensa activa de los derechos humanos, tanto desde el punto de vista de la democracia, como desde las perspectivas de aquellos que guardan relación con los derechos sociales de la población y los de carácter ecológico que sirven de protección a la madre tierra.

Esto implica que los sectores sociales se deben preparar con una clara conciencia, entusiasmo y organización, para enfrentar una eventual política de choque. También será de gran importancia la capacidad de producir alternativas de políticas nacionales, democráticas, basadas en la justicia social y la defensa del ambiente.

Panamá 11 de junio de 2024

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